30 AÑOS DE FURA. ENTREVISTA CON ÀLEX OLLÉ, DIRECTOR DE LA FURA DELS BAUS




(Versión original de la entrevista a publicar en el próximo número de La Tempestad)

A su paso por la ciudad de México para presentar Boris Godunov (La Tempestad, 61), la adaptación libre del homónimo de Alexánder Pushkin en el que La Fura dels Baus recrea la masacre en el Teatro Dubrovka de Moscú ocurrida en octubre del 2002, Àlex Ollé, uno de los directores de la compañía catalana habló con La Tempestad sobre este montaje, sí, pero también sobre los 30 años de existencia que esta agrupación cumple este 2009.

¿Cómo has sentido la respuesta del público en general a casi un año de haber estrenado Boris Godunov?
El recibimiento por parte del público ha sido bastante bueno, no así el de la crítica por ejemplo. Boris Godunov es un espectáculo que a la crítica o a la gente snob, le ha costado. Quizás sea por el tema. Es curioso, porque puedes hacer una película sobre terrorismo y a la gente le gusta, pero en teatro la cosa es muy difícil, yo no sé por qué. Muchas veces lo he hablado con otros directores de teatro y coincidimos en que en cine es mucho más fácil abordar sucesos actuales que en teatro. A nivel de público, a mí me han enviado muchos mails diciendo que se trata de uno de los mejores espectáculos que la gente haya visto. Con esto quiero recalcar que la gente se abre al espectáculo, no pone corazas, no va con una idea preconcebida y por eso funciona muy bien. Boris Godunov es un espectáculo que sobretodo intenta hacer pensar, hacer reflexionar.

¿A qué crees que se deba esta reticencia de la crítica?

Yo creo que hay una postura un poco snob por parte de algunos críticos que no han sabido entender la apuesta. Se trata de un montaje con mucho riesgo porque el terrorismo es un tema complejo que puede herir susceptibilidades. Cuando me planteé con David Plana la manera de abordarlo, era muy difícil concretar todo porque no queríamos hacer un docudrama; no queríamos hacer una cosa excesivamente realista, pero tampoco queríamos perder la fuerza de que el público, aunque fuera por un segundo, se sintiera rehén de un grupo armado. El espectáculo se plantea de forma teatral desde el principio, con el recurso de una voz en off que indica que se está reviviendo una situación.

¿Cuál era el principal riesgo de montar un espectáculo como éste?
Yo creo que caer en la apología de tal o cual manifestación social. Aunque el riesgo estaba también en el hecho de hacer algo muy realista. A partir de cierto momento, lo más importante del montaje es el texto y el trabajo del actor. La simbiosis se dio, pues, entre buscar cierto realismo para que la gente pudiera desarrollar una serie de sensaciones y un trabajo teatral más complicado que nos ayudara a aguantar el objetivo general del montaje.

¿Por qué países han llevado esta pieza?
Portugal, Grecia, Alemania, Italia, Taiwán… hemos visitado diferentes países y la aceptación por parte del público, en general, ha sido de agradecimiento. Nos hemos dado cuenta de que el público valora el riesgo de tratar un tema como el terrorismo. En este sentido, y aunque el montaje está descontextualizado política y geográficamente de lo que sucedió en el Dubrovka en Moscú, intentamos alejarnos lo más posible de cualquier tipo de terrorismo en particular. Para trabajar, buscamos una idea más global para que el espectador se identificara no con los terroristas, pero sí con la situación. Los terroristas de Boris Godunov nunca hablan de un país en concreto, aunque por la situación que se describe podría tratarse de Afganistán, Irak o cualquier otro país donde haya una ocupación. La cuestión de una lucha armada por defender un país ocupado es algo que nos interesaba demasiado porque en definitiva coincidimos con que el terrorismo siempre recae en víctimas inocentes. La obra no quiere centrarse en ningún país ni en ningún terrorismo en concreto, sino en la reflexión global sobre la naturaleza profunda de la lucha armada por el poder.

¿Hay algún país donde el público conecte más con la propuesta?
Uno de los lugares donde ha tenido más éxito el Boris Godunov es el País Vasco en España, a raíz, quizás, de la constante actividad de ETA. Ahí tocó muy de cerca y podría decir que es uno de los sitios donde más ha gustado, donde el espectáculo ha provocado más reflexión y donde hay puntos de encuentro que hacen que la gente pueda tener una posición más clara al respecto.

Este año se cumplen 30 de haber consolidado La Fura dels Baus como compañía. En un ejercicio retrospectivo, ¿cómo describirías la evolución de su propuesta escénica?

La Fura es un grupo que ha ido reinventándose constantemente. Nuestro trabajo ha evolucionado de una propuesta más festiva y más urbana, que tenia que ver con el resurgir de la democracia en España, a un trabajo multidisciplinar que se ha abierto a la ópera y los grandes espectáculos. Desde nuestros primeros años, espectador y actor están al mismo nivel. Trabajamos mucho con la arquitectura del espacio, con escenografías que afecten al espectador y tratamos siempre de hacer un trabajo muy físico, siempre investigando y partiendo de cero en cada propuesta. Aunque la gente nos identifica mucho con el trabajo de sensaciones, en el caso de Boris Godunov tratamos de concretar un espectáculo que se nutriera de un teatro más convencional. El hecho de que el tema fuera el terrorismo nos llevó a un trabajo quizás menos furero (sic) en lo físico y optar por un trabajo que interrelacionara al espectador y al actor más mental que físicamente.

¿A qué reflexión llegas después de haber montado el espectáculo?
Se trata de un montaje que habla de la lucha del poder a través de las armas… Escogimos el Boris Godunov de Pushkin para alejarnos un poco de lo que pasó en el teatro Dubrovka (donde lo que representaba era un musical a la Broadway llamado Nord-Ost) y construir un paralelismo entre el terrorismo convencional y el terrorismo de estado. La idea central fue orillar al público a pensar cuáles son los detonantes de la situación y convertirlo por momentos en rehén para que, puesto en situación, pensara qué es lo que haría de participar realmente en una situación como esa. Por sobre todas las cosas, nos propusimos no hacer algo didáctico, sino sólo exponer un hecho para que el espectador sacara sus propias conclusiones.

¿Satisfecho con el resultado?
Mucho porque de alguna manera ha sido un reto. No hay mucha gente que aborde el tema del terrorismo y menos de la manera en que lo hemos hecho nosotros. Estoy contento porque he arriesgado y porque después de 30 años de trayectoria, lo que hace la diferencia entre La Fura y otras compañías de teatro es precisamente su capacidad de riesgo. Creo que la mejor manera de combatir los miedos es enfrentarse a ellos y esta obra plantea justamente eso: enfrentarnos al miedo que representa el terrorismo.

¿Qué sigue con La Fura?
La Fura es un colectivo con 6 directores (Miki Espuma, Pep Gatell, Jürgen Múller, Àlex Ollé, Carlus Padrissa y Pera Tantiña) que trabajan como líderes eventuales dependiendo del proyecto, lo cual nos permite hacer muchas cosas al mismo tiempo. En enero abrimos el ciclo de eventos preparados en el marco de “Estambul 2010, capital cultural de Europa” y en marzo nos vamos a Shangay con un espectáculo de 5 funciones diarias durante 6 meses. Entre lo más relevante que estamos preparando actualmente está Los Troyanos de Héctor Berlioz, un montaje bajo la dirección de Carlus Padrissa que será la ópera inaugural de la temporada 2009-2010 del Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia.

Luego de 30 años, cuál concluirías que es la principal aportación de La Fura a la escena contemporánea del teatro.
Eso no es fácil de contestar, pero diría que es ese riesgo del que hablé antes, además de la investigación, la colaboración con personas que enriquecen el discurso de la compañía y partir de cero en cada propuesta. Intentamos no repetirnos, de tal modo que uno puede ver una ópera, un espectáculo callejero o un espectáculo de escenario y ver cómo La Fura puede reinventarse a sí misma todo el tiempo. Algo que digo siempre es que en el trabajo de La Fura, el ritmo es muy importante, ya que buscamos siempre romper esa coraza que divide al espectador del actor. Nuestra obsesión es descolocar a la gente tanto visual como musical y actoralmente porque sólo cuando el público se vuelve vulnerable es cuando se abre y tienes la posibilidad de crear en él sensaciones o emociones. De alguna manera, y aunque no me guste la palabra, La Fura ha creado una industria cultural apostando fuerte por la calidad de nuestros espectáculos y no tanto por la cantidad. No somos un Cirque du Soleil u otras compañías que tienen un estilo definido y se repiten. Nuestro sello apuesta siempre por la renovación tanto de nosotros mismos como del público al que queremos llegar.

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