TAPARRABO


Taparrabo, de Robert Waters. Del 24 sep 2009, al 10 ene 2010, Ex Teresa Arte Actual, Ciudad de México.


(De tapar y rabo) 1. m. Pedazo de tela u otra cosa estrecha con que se cubren en algunas tribus los genitales.

Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, 22ª Edición.


Posicionado en la escena por su convicción de enfrentar al espectador con interpretaciones transgresoras de símbolos universales, Robert Waters (London, Canadá, 1974) es un artista cuyo interés por la experimentación a través de la obra artística le ha llevado a resignificar parte importante de los códigos visuales que han alimentado nuestro ideario colectivo para devolvérnoslos vueltos productos de un imaginario personal tan crítico como sugestivo.

Compuesta por 12 proyectos autónomos que insuflan un aliento irónico/místico al arte contemporáneo, Taparrabo indaga sobre los efectos cognitivos que en el artista canadiense ha tenido la cuestión iconográfica del fanatismo religioso en México.

Habituado a proponer nuevos media que den soporte a su obra, el artista configura un discurso donde forma es contenido y viceversa. Desde esta perspectiva, vale la pena prestar atención a la diversidad de materiales con que Waters configura cada pieza: desde sangre de cerdo hasta papel de rotafolios, pasando por obleas para consagrar, torsos de plástico o, en su defecto, abanicos vintage que recuerdan el carácter perecedero de la existencia.

Al tiempo de poner en escena la conflictiva yuxtaposición entre lo que no se puede ver y lo que no se puede saber dentro de los cánones de la iglesia católica (de ahí el nombre de la exposición), Waters apela al cuestionamiento sistemático de las estructuras de la fe en un contexto donde el hiperconsumo ha puesto a la venta hasta las creencias más personales, más íntimas.

Apelando a la masculinidad como metáfora de poder, control, abuso y violencia, Waters ha diseñado una serie de instalaciones, comisiones, mutaciones y reproducciones que dialogan entre sí en una suerte de confesión apócrifa, digna de un laboratorio antropológico que ironiza entorno a aquello que no puede soportar: la contradicción metódica entre la hipocresía y la dominación; entre el simulacro de la divinidad del hombre y su escisión.

Más de Robert Waters en :: http://www.robertwaters.ca

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