OPERACIÓN 3.O: DEL ROL DE LOS ACTORES CULTURALES EN LA ERA DE LA WEB INTELIGENTE


Si como anunciaban los entusiastas de Internet, la Web 2.0 significaría la democratización de la red, entonces corren tiempos convulsos dada la incertidumbre que esa “revolución interactiva” ha terminado por instalar en un escenario social post industrial cada vez más laxo que no sólo ha promovido el ocaso de los medios masivos de comunicación , sino que también ha puesto a la venta nuestras inquietudes más personales.

Hablar de los supuestos efectos que ha provocado el surgimiento de la cultura digital en el individuo contemporáneo, significa una labor titánica que hasta el momento nadie ha podido concretar. Con más de un billón de usuarios al día de hoy, la World Wide Web puede preciarse de todo, menos de no haber procreado vertiginosas convulsiones en prácticamente todos los ámbitos de la vida contemporánea, incluido el “mundo del arte”.

Pero esto es sólo el principio. Abordar las supuestas ventajas de la “cultura colaborativa” en el terreno del arte contemporáneo es un tema que a últimas fechas ha comenzado a filtrarse en el discurso, cada vez más especializado, de los distintos actores culturales preocupados más por desarrollar plataformas comerciales que den sentido a sus distintas enmiendas que por proponer verdaderas estrategias que potencien no sólo transacciones intelectuales de mayor valor añadido social, sino también transformaciones radicales (la esencia de la red) en el modus operandi de las industrias culturales. Estamos finalizando la primera década del siglo XXI y “lo mejor”, aseguran algunos, aún está por llegar.

Y es precisamente por esto, que conviene reflexionar al respecto. En un contexto donde toda experiencia personal se convierte en actividad comercial, apunta el periodista norteamericano Lee Siegel, vale la pena preguntarse “¿A qué intereses atiende Internet? ¿Qué valores infunde? ¿Qué tipo de personas la dominan? ¿Cómo afecta a la vida cultural y social? ¿De qué modo la cultura influye en Internet? ¿Cómo aprende la gente a relacionarse con otra gente en línea? […] ¿Está concediendo poder a nuevas voces o realmente está ahogando las voces disidentes en aras de la libertad de expresión? ¿Es un servicio a la democracia? ¿O se están pervirtiendo los valores democráticos con el abuso de los principios democráticos?”.

Well, well, well…

Hace ya más de dos décadas que el norteamericano Stewart Brand diseñó y popularizó la Whole Earth ´Lectronic Link (WELL), acaso la primera comunidad on line, precursora de prácticamente todas las salas de chat y redes sociales que conocemos actualmente.

Discreta pero enfáticamente, Brand sentó las bases de la cultura digital tal cual la entendemos hoy día. La brillante idea de WELL, explica Siegel en El mundo a través de una pantalla: ser humano en la era de la multitud digital (2008, Tendencias, Barcelona) consistió en transformar el tiempo de ocio y la experiencia personal compartida, en trabajo: “Al principio, no entendía la tecnología o sus implicaciones. De pronto, sin embargo, me di cuenta de la necesidad de crear y mantener relaciones entre las personas y de preservar una estructura que respaldara estas interacciones. También me percaté, mayormente debido a la terca insistencia de Tex (otro de los fundadores de WELL) de que estas relaciones eran el único producto que teníamos que vender […] Las personalidades salieron a la luz y la experiencia de participar de tú a tú con la gente resultó ser apremiante, fascinante e inspiradora. Podíamos sentir los efectos de nuestras decisiones en el comportamiento de las personas y en la reacción inmediata que generaban. Pese a que a veces surgieran discrepancias, era algo único en el mundo de los negocios”, explica Cliff Figallo, co-creador de WELL.

Lo anterior viene a cuento porque al momento de escribir estas líneas, Google anunció el lanzamiento de “Google Wave”, una plataforma de Internet basada en el binomio Comunicación/Colaboración que, por lo que se lee en su stake, contendrá en un mismo todo, e-mail, chat, photo sharing y editores colaborativos. Por su parte, y de manera casi simultánea, la Unión Europea anunció también The Future Internet , una iniciativa que se ha convertido en el primer proyecto de investigación de índole global que pretende reunir todas las sugerencias de expertos en el tema para desarrollar a partir de ahí lo que ha dado en llamarse “la tercera ola de Internet”: la web 3.0

El entusiasmo por una web inteligente crece exponencialmente en la red casi al mismo tiempo que el desconcierto por la paulatina y cada vez más patente invasión a la blogosfera por parte del mundo empresarial.

Seamos realistas: lejos han quedado los impulsos adolescentes por hacer de Internet una experiencia igualitaria y democrática; lejos ha quedado el impulso ciberpunk que motivó la población de la red de redes, del mismo modo que comienza a desvanecerse el Compartir como motor primordial de la red.

En un contexto tal, ¿cuál es el rol que debemos jugar los actores culturales? ¿Qué estrategias deberíamos desarrollar? ¿Con qué sentido? ¿A qué costes? ¿Con qué soportes? ¿En qué medios? ¿Con qué beneficios? ¿Bajo qué condiciones?...

Si bien el entorno formado por artistas, galeristas, coleccionistas, curadores, críticos, directores institucionales, consultores y entusiastas del arte han sido “modelo a seguir” en el contexto de la Economía del Conocimiento , dada la súbita profesionalización del mercado del arte, hace falta detenerse a perfilar el futuro más inmediato de una escena glocal que terminará por envolvernos a todos aquellos que, en mayor o menor medida, moldeamos la gestión, producción y comercialización de la esfera artística.

En un estudio publicado en marzo pasado por la firma Nielsen Online , especializada en mercados en línea, se lee que casi el 10% del tiempo que los usuarios invierten en Internet, está destinado a las redes sociales (léase Facebook, Twitter, Flickr, Hi5,…), las cuales son frecuentadas por más de dos tercios de los usuarios de Internet en el planeta. Jim Richardson, columnista de The Art Newspaper, recoge el dato en su columna del 23 de abril pasado y lanza una contundente recomendación: “Si es en las redes sociales que está la gente, entonces habría qué prestar atención a qué es lo que se está comunicando ahí. De este modo, el razonamiento más simple es que si ahí está la audiencia, es ahí a donde los museos deberían ir también […] Si remezclar, reinterpretar y compartir contenidos es lo que está llevando a la gente a adherirse a redes sociales, entonces los museos deberían empezar a abrazar la idea de que Everyone is a curator ”.

Al respecto, y citado por el mismo Richardson, Victor Samra, director de digital media marketing del MoMa (NY), explica: “Hoy en día, no es suficiente subir información a la web. Compartir y participar en las discusiones se están volviendo actividades normales en la red, lo cual hace pensar que la gente está esperando esto. La gente quiere relacionarse con contenidos que realmente le apasionen y los museos tienen aquí una gran oportunidad para proveer a la audiencia de dichos contenidos. Esto ayudará a cambiar la percepción del museo como un edificio con cuatro paredes cerradas a una organización con personalidad propia y rostro humano”.

Quedan en el aire, cuestiones de radical importancia tales como el Copyright, su alternativa el Copyleft, los Creative Commons y la implicación de las instituciones culturales en el mercado TED (Technology, Entertainment, Democracy)
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Everyone is a mindware

Echando una mirada a El Caparazón (uno de los blogs en español sobre redes sociales con mayor audiencia en la Península Ibérica, a cargo de Dolors Reig), leo: “Rápida, casi frenética a veces, la evolución de la web, el aluvión de aplicaciones, neologismos, interpretaciones, datos y multiformatos ha sido, durante el último año, espectacular […] Estamos entrando, repito, no los que están aterrizando en mejor o peor forma en la red como salida a la crisis, sino los que llevamos ya (y nos quedaremos) un tiempo aquí, en una fase de desilusión, provocada por los continuos ataques de incomprensión, de reproducción del status quo que vamos sufriendo. Quizás sea una impresión personal, pero capto incluso, más allá de reacciones a legislaciones que no nos entienden, cierto desagrado ante tantos términos ajenos y descontextualizados que parecen querer colonizar, sin entender del todo, la web de hoy […]

“Creo que corremos el peligro hoy de que todo ello quede obsoleto, cuando se hable de los efectos de la “colonización” de la red por parte de los que antes no estaban aquí […] La web social es a state of mind (las cursivas son mías) tan incompatible con lo que existe (difícil, difícil, encontrar experiencias de éxito), que deberemos esforzarnos, y mucho, por aportar valor “empresarial” a cambio de esa revolución en el “mindware”; el factor clave para el cambio, que pretendemos”.

Y es justamente ese “mindware” lo que llama mi atención. En tiempos donde todo aquel que tiene acceso a la red ha dejado de ser un llano consumidor para convertirse en Prosumidor (= Productor + Consumidor al mismo tiempo), vale la pena hacer una pausa para enfocar la mirrilla y dilucidar sobre la posibilidad de crear dispositivos artísticos construidos sobre la base de activos más bien intangibles
Más allá de la excelente labor que a diario realizan plataformas como Arteven.org, Myartspace.com, Wooloo.org, Rhizome.org, Sebuscacurator.org o We-make-money-not-art.com, para mencionar sólo unas cuantas, surge la necesidad no sólo de diseñar, sino también de mantener, nuevas dinámicas (el término “estructura” se antoja anacrónico) que permitan el pleno desarrollo tanto de discursos teóricos como de modalidades y aproximaciones artísticas a la compleja realidad virtual que se está generando cotidianamente.

En este sentido, rescato las palabras que Daphne Dragona da en entrevista a Régine Debatty (responsable de "We-make-money-not-art.com) al respecto: “Explorando los modos de funcionamiento de las redes sociales y las formas en que los usuarios interactúan con ellas, es evidente que se está gestando una nueva práctica artística que comenta, critica y subvierte las estructuras alterando su semiótica y formalismo […] Lo que más me intriga es el hecho de que la mayoría de la gente comparte, comunica y participa sin tener en cuenta cómo es que esta constante producción de información en sus perfiles alimenta al mercado. Creo que la creatividad puede jugar un papel importante aquí, siempre y cuando se hable del medio, usando el medio en sí mismo. Y es que si la creatividad basada en las redes sociales dificulta la atracción de una audiencia, poco familiarizada con la tecnología, pero interesada en el arte, habría que preguntarse qué pasaría si el arte pudiera convertirse en un tema de interés para una audiencia que pasa la mitad de sus vidas en esta dimensión virtual […] Estoy convencida de que la confianza y el sentimiento de mutua apreciación que las redes sociales generan entre artistas, curadores e instituciones es lo que hace que sean posibles las colaboraciones fructíferas”.

Hasta aquí, algunas de las inquietudes que a últimamente se hacen eco en la blogósfera. Reflexionar sobre éstos y otros aspectos que conciernen a todos los actores culturales relacionados con los nuevos medios, será una tarea a realizar de manera conjunta.

Ante la inminencia de una web inteligente —que entre otras cosas, podrá decidir por nosotros qué es lo que necesitamos y ordenarlo sin darnos la molestia de confirmarlo—, surgen infinidad de cuestiones que llevan irremediablemente al tema de la responsabilidad individual, acaso el intangible más valorado a últimas fechas. La naturaleza de las inquietudes, actitudes, caminos, discursos y manifestaciones del arte (y del mundo del arte) parecen hoy más nuestros que nunca. Será cuestión de tiempo confirmarlo.


(VERSIÓN COMPLETA DEL ARTÍCULO EN LA EDICIÓN JUL/AGO DE "ARTE AL DÍA MÉXICO)

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