Operación 2.0 Del papel de los actores culturales en la era digital


(VERSIÓN CORREGIDA DEL ORIGINAL QUE SERÁ PUBLICADO EN EL NÚMERO DE JULIO DE "ARTE AL DÍA MÉXICO")

I

Explorar las ventajas de la cultura digital en el terreno del arte contemporáneo es un tema que comienza a cobrar importancia en el discurso de los distintos actores culturales, preocupados por desarrollar estrategias que potencien transacciones intelectuales de mayor valor añadido social o transformaciones sustanciales en el modus operandi de las industrias culturales.

De la mano de la web 2.0 , llegaron también nuevos paradigmas sociales y organizacionales que, además de plantear el posible ocaso de los medios masivos de comunicación , funcionan como plataformas a nuevos lenguajes, expresiones culturales, ideologías, modelos de negocio y nuevas formas de construcción y distribución del conocimiento que han dando lugar a una inteligencia colectiva sin precedentes que construye su entorno en función de las inquietudes personales y aptitudes relacionales de cada uno de sus usuarios.

Con más de un billón de usuarios al día de hoy , la world wide web ha ocasionado pequeñas crisis en prácticamente todos los ámbitos de la vida contemporánea, razón por la cual considero pertinente poner sobre discusión, la urgencia en la innovación de estrategias y dispositivos artísticos que faciliten a los actores culturales su actuación en un escenario económico en ciernes que bajo el estandarte de la Economía del Conocimiento está adoptando, quizás hasta inconscientemente, el modelo neuronal (en red) bajo el cual opera Internet hasta el momento.

En una economía basada en el conocimiento, las fuentes de innovación se encuentran en mayor medida en las actividades de investigación y desarrollo. Como factor productivo, el conocimiento es un bien intangible que a diferencia de otros factores productivos (como la tierra o el capital) no se agota al ser consumido. Por el contrario, generar y compartir información y conocimiento puede ayudar a crear nueva información y nuevo conocimiento. Esto hace que, a diferencia de los factores productivos tradicionales, la información y el conocimiento no estén sujetos a la condición de escasez que encarece al capital, la tierra y la mano de obra, e influye en su producción e intercambio .

En un contexto en línea donde toda experiencia personal se convierte en actividad comercial , las voces críticas han puesto ya sobre la mesa, asuntos como: ¿A qué intereses atiende Internet? ¿Qué valores infunde? ¿Qué tipo de personas la dominan? ¿Cómo afecta a la vida cultural y social? En el contexto de las industrias culturales, más que respuestas, comparto inquietudes: ¿Cuál es el rol que deberíamos jugar los actores? ¿Qué modelo de la red podríamos importar a la escena del arte? ¿Con qué sentido? ¿En qué medios? ¿A qué costes? ¿Con qué beneficios?...

En este sentido, modelos como el de la Empresa 2.0 se antoja un precedente de lo que yo llamaría Industria Cultural 2.0, como alternativa para la optimización de una escena artística (formada por artistas, curadores, galerías, instituciones, funcionarios, coleccionistas, consultores, etc.) que pese a contar con innumerables plataformas electrónicas de networking a mí parecer aún padece de un sistema cerrado y jerárquico que, al menos en el contexto nacional, no está prestando atención suficiente a la innovación tecnológica y organizacional como vía de fortalecer una oferta y un mercado cultural de mayor impacto global.

Pero lanzar estas cuestiones no es un mero capricho. Conectado con el negocio de la consultoría en procesos enfocada a desarrollar organizaciones más aptas en el contexto de la Economía del Conocimiento, detecto que éstas, además de nuevos soportes tecnológicos (hardware y software) que faciliten su comunicación en línea, necesitan también nuevos soportes organizacionales y relacionales (mindware) que trasladen a la realidad los principios productivos de la cultura en línea (producir-compartir-consumir y viceversa) con la finalidad de promover nuevas manifestaciones artísticas, nuevos discursos, nuevas formas de coleccionismo (el tema en cuanto al performance o el net.art son de significativa importancia), nuevos formatos expositivos, nuevos formatos de discusión, nuevas dinámicas de integración, nuevos modelos de mercado que contrarresten o regulen los comportamientos especuladores, nuevos entornos jurídicos entorno a la obra de arte… Quedan por resolver las ingerencias reales de tópicos como el Copyright, su alternativa el Copyleft , los Creative Commons y la implicación de las instituciones culturales en el mercado TED (Technology, Entertainment, Democracy)

II

En un estudio publicado en marzo pasado por la firma Nielsen Online , especializada en mercados en línea, se lee que casi el 10 por ciento del tiempo que los usuarios invierten en Internet, está destinado a las redes sociales como Facebook, Twitter, Flickr o Hi5, las cuales son frecuentadas por más de dos tercios de los usuarios de Internet en el planeta.

Jim Richardson, columnista de The Art Newspaper, recoge el dato en su columna del 23 de abril pasado y lanza una contundente recomendación: “Si es en las redes sociales que está la gente, entonces habría qué prestar atención a qué es lo que se está comunicando ahí. De este modo, el razonamiento más simple es que si ahí está la audiencia, es ahí a donde los museos deberían ir también […] Si remezclar, reinterpretar y compartir contenidos es lo que está llevando a la gente a adherirse a redes sociales, entonces los museos deberían empezar a abrazar la idea de que Everyone is a curator ”.

Al respecto, y citado por el mismo Richardson, Victor Samra, director de digital media marketing del MoMa (NY), explica: “Hoy en día, no es suficiente subir información a la web. Compartir y participar en las discusiones se están volviendo actividades normales en la red, lo cual hace pensar que la gente está esperando esto. La gente quiere relacionarse con contenidos que realmente le apasionen y los museos tienen aquí una gran oportunidad para proveer a la audiencia de dichos contenidos. Esto ayudará a cambiar la percepción del museo como un edificio con cuatro paredes cerradas a una organización con personalidad propia y rostro humano”.

Pero el hecho de montar a los actores culturales en las nuevas dinámicas on line, desde mi punto de vista, no es suficiente. Hace falta aprender de los procesos que ahí se generan, entrenar actitudinalmente a las personas para generar un ecosistema cultural más sensible, más colaborativo; más abierto y por ende más productivo.


III


Echando una mirada a El Caparazón (uno de los blogs en español sobre cultura on line con mayor audiencia en la Península Ibérica, a cargo de Dolors Reig), leo: “Rápida, casi frenética a veces, la evolución de la web, el aluvión de aplicaciones, neologismos, interpretaciones, datos y multiformatos ha sido, durante el último año, espectacular […] Creo que corremos el peligro hoy de que todo ello quede obsoleto, cuando se hable de los efectos de la “colonización” de la red por parte de los que antes no estaban aquí […] La web social es a state of mind tan incompatible con lo que existe (difícil, difícil, encontrar experiencias de éxito), que deberemos esforzarnos, y mucho, por aportar valor “empresarial” a cambio de esa revolución en el mindware; el factor clave para el cambio, que pretendemos”.

En este sentido, rescato las palabras que Daphne Dragona da en entrevista a Régine Debatty al respecto: “Explorando los modos de funcionamiento de las redes sociales y las formas en que los usuarios interactúan con ellas, es evidente que se está gestando una nueva práctica artística que comenta, critica y subvierte las estructuras alterando su semiótica y formalismo […] Creo que la creatividad puede jugar un papel importante aquí, siempre y cuando se hable del medio, usando al medio en sí mismo. Y es que si la creatividad basada en las redes sociales dificulta la atracción de una audiencia, poco familiarizada con la tecnología, pero interesada en el arte, habría que preguntarse qué pasaría si el arte pudiera convertirse en un tema de interés para una audiencia que pasa la mitad de sus vidas en esta dimensión virtual […] Estoy convencida de que la confianza y el sentimiento de mutua apreciación que las redes sociales generan entre artistas, curadores e instituciones es lo que hace que sean posibles las colaboraciones fructíferas”.

En el contexto mexicano, aún son pocas las instituciones que dedican parte de su presupuesto a la innovación tecnológica y menos aún las que invierten en la innovación organizacional o en la innovación de formatos expositivos. Recintos como el Laboratorio Alameda, el Museo Carrillo Gil, el Museo de Arte Moderno, el Museo Tamayo Arte Contemporáneo, el Centro de Arte Multimedia y más recientemente el FONCA y el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) son algunas de las instituciones que han tomado la iniciativa, desarrollando presencia on line y espacios de experimentación colaborativa.

Al respecto, Arcángel Constantitni, curador y promotor de Inmerso Cyberlounge (el único espacio dedicado exclusivamente a net.art, al menos en el DF) en el Museo Tamayo desde 2002, acota en exclusiva para esta publicación: “En México faltan más canales de comunicación entre creadores e instituciones, especialmente entre quienes estamos desarrollando net.art. Siento que hay una relación más colaborativa entre músicos, dj´s o diseñadores que entre artistas […] Y además de soporte público, falta interés por parte de galerías, instituciones y usuarios que se dedican al mercado del arte por fomentar el surgimiento de nuevos productos en línea que acoten los distintos aspectos que se están generando en la cultura. Creo que si los coleccionistas y galeristas comenzaran a reconocer el valor de esos medios, podrían hacer aportaciones para fomentar la creación de obras puramente digitales, por ejemplo. En ese sentido, creo que es momento de promover espacios y aportaciones económicas que acoten todas las posibilidades culturales de la web”.


Al cierre de esta edición, Google anunció el lanzamiento de “Google Wave”, una plataforma basada en el binomio Comunicación/Colaboración que, por lo que se lee en su stake, contendrá en un mismo todo, e-mail, chat, photo sharing y editores colaborativos. Por su parte, y de manera casi simultánea, la Unión Europea había anunciado ya también The Future Internet , una iniciativa que se ha convertido en el primer proyecto de investigación de índole global que pretende reunir todas las sugerencias de expertos en el tema para desarrollar a partir de ahí lo que ha dado en llamarse “la tercera ola de Internet”: la web 3.0

El entusiasmo por la web inteligente crece exponencialmente en la red casi al mismo tiempo que el desconcierto por tener un nuevo entorno de navegación que, entre otras cosas, pretende que las máquinas entiendan al usuario con tal de dosificar (semantizar) la avalancha informativa que ha significado hasta ahora la red. El espíritu colaborativo y transversal habrá de seguir fomentándose, sobretodo para vigilar que los intereses empresariales no sean los que rijan la interacción en línea.

Ante la inminencia de dicho formato de navegación, se vislumbra el surgimiento de nuevos patrones de comportamiento que supongo significarán nuevas sacudidas al sistema económico y social. De ahí la necesidad, creo yo, de empezar a experimentar estrategias 2.0 aplicadas a la industria cultural; un modelo que al menos en términos digitales, ha demostrado la viabilidad de un modelo social interactivo más allá de su naturaleza en línea. La discusión está abierta.





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