DÍAS MEJORES, LA SOCIEDAD POST-PARANOICA


Días Mejores, de Richard Dresser, dirigida por Àlex Rigola.
Sala Fabià Puigserver del Teatre Lliure, Barcelona, del 7 al 18 de enero, 110 min.


Luego del sobresalto que significó para la escena local su adaptación al teatro de 2666 de Roberto Bolaño, Àlex Rigola ha vuelto a poner el dedo en la llaga. Esta vez, el pretexto ha sido uno de los escritos más emblemáticos del dramaturgo norteamericano Richard Dresser, acaso uno de los más mordaces de su generación y responsable directo de aquello que él mismo ha dado en llamar “sociedad post-paranoica”. Y es que “la paranoia se vuelve invisible cuando los peores temores se hacen realidad”.
Escrita a finales de la década de los ochenta bajo un impulso esperanzador, Días mejores reaparece en los escenarios internacionales como una nota a pie de crash económico con una clara intención: refrendar que es en momentos de trauma colectivo que las reformas sociales (y sobretodo espirituales) tienen su mejor caldo de cultivo.
Como es su costumbre, Rigola lleva al espectador hasta su arista de vuelco. Ambientada en una atmósfera donde el desencanto, el hedonismo patológico y la especulación son sinónimos de actualidad, la pieza plantea en tono de comedia negra la afable cuestión de la supervivencia en tiempos de crisis.
En medio de una ciudad que literalmente se desmorona a causa de una serie de incendios provocados con tal de defraudar el negocio de los seguros y obtener así una vida “digna”, los protagonistas —adeptos, casi todos, de la Iglesia de la Divina Garantía— emprenden un recorrido moral donde pasean de la mano frustración, drogas duras, adicción al corporativismo, olvido del ser, sexo colectivo, enamoramiento…, pero no es sino la urgencia de una nueva espiritualidad la que lo inunda todo. Una lección de escapismo histórico que, en toda la línea de Copland, Welsh y Gilliam, apuesta disimuladamente por la responsabilidad en tiempos hipermodernos.

Comentarios

fideuà sperstar ha dicho que…
Hey fuckingdreamer!!

muy buena la alusión a Copland, que descifra la post-paranoia colectiva de nuestro código genético como nadie.
Propongo una explosión nuclear como la imagen soñada más importante del siglo XX.